Sustituir y reparar una avería relacionada con la correa de distribución es uno de los trabajos más duros para un taller.

Mantener en buen estado los diferentes componentes de un vehículo es clave para mantener la integridad de todo el motor y garantizar una conducción segura. La correa de distribución es una de las piezas más sensibles. En Talleres M&D le explicamos qué ocurre cuando se rompe este componente.

El fallo de la correa es la antesala de la rotura del motor. Se trata de una de las averías más caras para el usuario y más laboriosas para el profesional. Un fallo en esta pieza hace que el motor pierda su sincronización y provoca una reacción en cadena que destroza por completo todo el sistema, además, sin dar tiempo al usuario a reaccionar.

Tras romperse la correa, los pistones comienzan a golpear una y otra vez las válvulas que acaban por doblarse o partirse, en el peor de los casos. Posteriormente, comienzan a fallar otros componentes del motor como las bielas, la bomba de agua, el cigüeñal y el árbol de levas.

El fallo de este componente, como se aprecia, es tan grave debido a la cantidad de elementos que se ven afectados y que el profesional debe sustituir tras romperse. En Talleres M&D aconsejamos que “La mejor solución a la rotura de la correa de distribución es la prevención.

El tiempo de vida de cada correa depende del vehículo. Normalmente en la ficha del modelo está indicado cada cuanto habrá que cambiarla, aunque lo más efectivo es realizar una revisión para comprobar su estado. Por otro lado, el estilo de conducción también afecta a su envejecimiento. No respetar los tiempos de enfriamiento del motor, desgasta el componente, un problema muy achacado a la ciudad.

Además, conducir por terrenos rurales que llenen la correa de polvo también puede acabar haciendo que no funcione correctamente.

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